En Memoria Robert Funk Ryman
Queridos
amigos y amigas de DIACONIA, querida familia Funk:
Tengo el
honor de dedicar esta remembranza a la vida y obra del fundador y primer
director de DIACONIA, Ing. Robert Funk Ryman, quien pasó a la eternidad el 28
de febrero de este año, a la edad de 93 años. Nació el 7 de enero de 1933 en
Weinfelden, en la Suiza alemana.
Fue
ingeniero electricista y de joven inició una vida profesional con la empresa
Brown Boveri que lo llevó por distintos países del mundo: Estuvo dos años en Egipto, en la Presa Alta de
Asuán; cuatro años en la India; dos años en el Perú, donde conoció a la iglesia
luterana; y un año en Uruguay. Sería el Perú donde dejaría una huella profunda
y duradera y donde estableciera su hogar y su familia.
Tras el devastador
terremoto de Huaraz del 31 de mayo de 1970 fue contratado por la Federación
Luterana Mundial para asumir la reconstrucción de las zonas afectadas en el
Perú. Su perfil y su experiencia calzaban perfectamente con este puesto. Tenía
entonces 37 años, hablaba varios idiomas (alemán, francés, inglés y
castellano), era alpinista, buen cantor y poseía un profundo sentido social.
Robert Funk
llegó al Perú en enero de 1971 y puso en marcha la reconstrucción de las zonas
afectadas en el departamento de Áncash, en coordinación con el departamento de
Desarrollo Comunal de la Iglesia Luterana.
Entre los
años 1971 y 1976, Roberto Funk —en castellano—, con su entrega y energía, lideró
el primer proyecto de emergencia reconstruyendo canales de riego, puentes,
redes de agua potable y escuelas en Áncash. Las obras se ejecutaron a nivel
comunal: la Iglesia aportó los materiales y la asesoría técnica, la comunidad
brindó la mano de obra no especializada.
El proyecto
continuó entre 1977 y 1982 con diversas actividades colaterales como la
asesoría en cultivos, crianzas y el trabajo con la mujer campesina. Junto con
la construcción de decenas de escuelas, surgió una preocupación clave: La
educación rural que dio origen al Proyecto de Unidades de Producción Escolar
Agropecuaria (UPEA), de 20 años de duración en coordinación con el Ministerio
de Educación.
Al crecer y
diversificarse las actividades en las zonas rurales, la administración repasó
la capacidad de la iglesia. En enero de
1983 se constituyó DIACONIA, Asociación Evangélica Luterana de Ayuda para el
Desarrollo Comunal, como una ONG peruana, con Robert Funk como socio fundador y
director hasta su jubilación en 1997.
La visión
de futuro de Roberto, permitió perfilar una propuesta integral de desarrollo
rural para los siguientes cinco años, con el propósito de mejorar el nivel de vida
incrementando la producción y productividad agropecuaria-forestal, modernizando
la enseñanza en las escuelas rurales y promoviendo la salud y la higiene.
La década
de los años 80 fue muy difícil en el Perú. Sendero Luminoso había iniciado su
lucha armada desde el campo hacia las ciudades. Muchas organizaciones abandonaron
el campo, pero DIACONIA permaneció. Y lo hizo gracias al ejemplo y valentía de
Roberto, los equipos trabajaron silenciosamente junto a las comunidades, imprimiendo
el futuro estilo de la acción institucional.
El compromiso
de Roberto se vio interrumpido cuando fue baleado en un asalto para robar la camioneta
frente a su casa. Recibió varios impactos de bala en la pierna y la rodilla.
Afortunadamente, pudo ser atendido en Suiza y recuperar la movilidad.
En los años
90, con la pacificación del país, se abrieron nuevas oportunidades de
desarrollo en los Andes y se ampliaron las zonas de intervención. Roberto estuvo a la vanguardia para impulsar
nuevos retos y métodos de trabajo. Se incorporaron el marco lógico en la
planificación, el enfoque de género para el empoderamiento de las mujeres y la
necesidad de conservar el medio ambiente mediante la zonificación económica y
ecológica. El Proyecto de Desarrollo Rural Sustentable (1991-1996) fue
elaborado como una propuesta ecológica.
Fue
defensor de la agricultura orgánica en el Perú e integrante de la Red de Acción
en Agricultura Alternativa (RAAA), así como de INKA-Cert, empresa certificadora
de producción orgánica. También fue suya la visionaria propuesta de
reforestación de las zonas semiáridas de la Cordillera Negra con árboles
frutales caducifolios, como manzanos y duraznos. El Proyecto cambió el perfil
productivo de la zona y mejoró notablemente los ingresos de las familias
campesinas.
El
“Ingeniero” como lo llamaban, fue profundamente respetado y querido por la
población campesina. Tenía la capacidad de dar soluciones a problemas muy
diversos y mantenía un trato muy amable con todas las personas. Sabía escuchar
y enseñar con paciencia. Vivía con austeridad, aceptaba lo que le ofrecían,
tanto en comida como en alojamiento. Se adaptaba a la vida de las comunidades,
subía a pie a las zonas más altas ya sea para buscar fuentes de agua o
supervisar obras. Se decía que, de haberse postulado como diputado por Áncash,
habría ganado las elecciones. Se estima que hasta cien mil personas se
beneficiaron de los proyectos de DIACONIA durante su gestión.
Como
ejecutor de fondos de donación, Roberto inculcó un manejo muy cuidadoso de los
recursos. Se economizaba donde era posible, pero cuando se trataba de materiales
para las obras o herramientas para las comunidades, no se escatimaba en
calidad. En su vida personal fue muy medito; por ejemplo, no permitía que
quedaran restos de comida en los platos. Fue un hombre de campo que conocía
profundamente los Andes gracias a sus constantes viajes.
Trabajé con
Roberto durante 13 años, hasta su jubilación, en la planificación y evaluación
de proyectos. Su vida era el trabajo, al que dedicaba toda su energía, pero
también tenía una faceta sociable. Fueron memorables los viajes a la sierra que
organizaba para miembros de las iglesias, muchas veces para inaugurar obras
concluidas.
Recuerdo la fiesta sorpresa que le organizamos por su sexagésimo 60.º
cumpleaños, porque él no quería una celebración. Fue amenizada por la sinfónica
de Sunicancha, una reconocida banda de la sierra de Lima, en agradecimiento por
la reconstrucción de su represa “de los tiempos de los gentiles”. La fiesta
duró hasta las cuatro de la madrugada, y él bailó cada pieza sin descansar.
La historia de Roberto es también la historia de DIACONIA, y vive en cada obra
realizada y en cada vida transformada.
A lo largo de su vida también impulsó otras obras sociales y educativas, como
el Instituto Peruano de Cuero y Calzado en cooperación con la UNI, la
Asociación Cultural Johannes Gutenberg en El Agustino, la Asociación
Oportunidades para la Vida en Huanta (Ayacucho) y el Programa Social Yanachaga
en Oxapampa. También implementó bibliotecas en varias escuelas rurales con el
apoyo de profesores amigos. Trabajó estrechamente con las iglesias y fue
miembro activo tanto en la iglesia luterana de habla alemana como aquí en Cristo
Rey.
Después de
su jubilación, estuvo dos años en Haití en una misión de la Federación Luterana
Mundial. En Lima, continuó varias actividades derivadas de su labor, ya sea en
consejos directivos o en asesorías. Atendió a presos alemanes y suizos en
cárceles peruanas, y ayudó con generosidad a muchas otras personas con sus
propios recursos. Tenía una gran sensibilidad hacia los más vulnerables.
En estos
años más reposados de jubilada pudo dedicar más tiempo a su hijo René y
recuperar momentos que antes había debido sacrificar por priorizar el servicio de
diaconia a los olvidades y postergados.
Hoy damos
gracias a Dios por su vida: por su entrega, su coherencia, y su profunda
compasión.
Gracias,
Robert,
por tu ejemplo,
por tu servicio,
y por los valores que sembraste
para el futuro de DIACONIA.
Roberto
Requiescat in Pace. Ruhe in Frieden. Descansa en paz, amigo y
compañero del camino.